Ojos:
Hay que limpiárselos con un paño húmedo.
No hay que dejar que se acumulen hasta que al perro le molesten
tanto que se frote con la pata.
Orejas: Hay que limpiarles la cera con mucho
cuidado porque puede caer al interior pudiendole dañar
el conducto auditivo. Si no estamos seguros de cómo
hacerlo es mejor dejarlo en manos de un profesional.
Dientes: Basta con darle regularmente trozos
de pan duro y seco. Al masticarlo, el perro hace su propia
limpieza. También se le pueden cepillar los dientes
con un dentífrico o bicarbonato (si se deja... posiblemente
decidas que el pan duro es una opción mucho mejor ;-)
Si aparecen caries, sarro, o por accidente se rompe un diente,
hay que visitar al veterinario de inmediato.
Uñas:
Si no hace mucho ejercicio y no se les desgatan naturalmente
lo más conveniente es acudir a un profesional.
Pelo:
Si no es de pelo largo conviene hacerle un cepillado a la
semana, para quitarle pelos muertos y polvo. La grasa natural
que el perro segrega bastará, junto con ese cepillado,
para que mantenga el pelo limpio y brillante. En el periodo
de muda (normalmente va parejo a los cambios de estación:
pelo de verano y pelo de invierno) hay que aumentar la frecuencia
del cepillado. Los de pelo largo necesitan frecuentes cepillados.
Baño:
El agua no ha de estar ni muy fría ni muy caliente
(a unos 38º como máximo), y ha de usarse jabón
neutro o champú para perros. Debe evitarse que le entre
agua en ojos y orejas. También hay que evitar que el
perro se enfríe mientras está aún mojado,
por lo que se le debe secar bién, con una toalla o
un secador (cuidando de no quemarle el pelo). Si el perro
se moja accidentalmente (por ejemplo con lluvia), hay que
meterle en casa lo antes posible y secarle bien, y si es posible,
manteniendole en movimiento. Esto vale también mientras
se está mojando: no hay que permitir que se quede quieto
hasta que se le pueda secar.