Pocos animales hay en el planeta Tierra tan ligados al hombre como el perro. Tanto es así que, incluso su denominación taxonómica -Canis familiaris-, indica por si misma la íntima relación que esta especie de mamífero guarda con la humana.No se sabe cuándo comenzó esta simbiosis, pero es claro que se remonta a los mismos albores del nacimiento del hombre. El perro aparece en las manifestaciones artísticas más remotas de la historia de la Humanidad. La sociedades egipcia y maya, dos de las más avanzadas en su tiempo, ya tenían al perro como un animal de excepción, incluso otorgándole características que rayaban la divinidad. Y no es para menos. Decir que el perro es un animal excepcionalmente dotado puede parecer una exageración, porque todas las especies cuentan con capacidades sensoriales que para sí las quisiera la raza humana.

El colibrí, por ejemplo, es capaz de memorizar todas las flores que ha libado en un día, saber cuánto tardarán en reponer el néctar y, al mismo tiempo, mantener su territorio libre de intrusos o cortejar a la hembra con emocionadas piruetas. El perro no se queda atrás.

Quienes tenemos uno en casa, ya sea como animal de compañía, de trabajo o compañero de caza, no dejamos de sorprendernos con las capacidades que a diario ponen de manifiesto.

Son capaces de oir sonidos que para nosotros son inaudibles y, al mismo tiempo, separarlos de otros para analizar todas y cada una de sus propiedades. Un perro puede localizar el ruido del motor del coche de su dueño entre 50 vehículos en marcha. Puede diferenciar el olor y el sabor de las cosas con una sensibilidad que ni la mejor máquina electrónica humana podría. Pero, sobre todo, tiene una capacidad de ser fiel como ningún otro ser vivo. Por su dueño mata, por su dueño muere. Como dijo el escritor cartagenero Arturo Pérez Reverte, "nadie que no haya sentido la mirada fija de un perro puede imaginar hasta dónde llega el sentido de las palabras lealtad,cariño y fidelidad".
Esta página es un pequeño homenaje al perro. Jamás podrá el hombre agradecer suficientemente los servicios que el perro nos presta. Y no nos referimos sólo al trabajo de los perros de rescate, salvamento o policías. Algo tan simple como la paz y el sosiego que su compañía nos aporta carece de precio.